Etapa 20 – Estocolmo a Oslo

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Etapa 20 – Estocolmo a Oslo

Estocolmo, 7:00 a.m. Ha amanecido un precioso día y ya tenemos preparados todos los pertrechos que de nuevo colocaremos a lomos de nuestras motos. Pero eso será cuando hayamos desayunado, claro está, jeje… 😉

Como cada día, dedicamos alrededor de media hora al desayuno, es importante empezar el día “repostando” nuestros cuerpos con una buena dosis de energía. Aprovechamos para contarnos mutuamente cómo ha ido la noche… “…la almohada de hoy era perfecta… o no” y, aunque llevamos las rutas perfectamente definidas de antemano, damos un repaso a lo que será la de hoy. Tocan unos 540 km, atravesando los bosques y los campos Suecos para adentrarnos de nuevo en Noruega. En cuanto a la latitud, prácticamente será la misma con lo que no esperamos grandes cambios ni en el paisaje ni en las horas de luz. Por estos lares ya anochece de nuevo aunque aún un poco más tarde de lo normal para un español y la noche dura algo menos también. En esta época del año, a la una de la mañana ya es casi de noche y antes de las cinco de la mañana ya hay buena luz.

“… ¡Hasta la vista Estocolmo!… ¡Gracias por todo!…” dice Pere por el intercomunicador, y nos ponemos en marcha.

El cielo no puede ser más azul y está salpicado de unas nubes que nos llaman poderosamente la atención. Parecen de auténtico algodón. Cruzamos por grandes extensiones sembradas de trigo y cebada. ¡Qué pasada! Estamos a mediados de julio y el trigo, no solo está enorme, sino que aún está verde. ¿Qué te parece socio?

Rodamos, rodamos y rodamos apenas sin detenernos salvo a repostar. La ruta, aunque es bonita, ya no es tan espectacular como los días pasados cuando rodábamos por los fiordos noruegos. Y es que una vez visto aquello, cualquier otra cosa nos parece un poco sosa. En realidad no es así, pero si lo comparas, no hay color.

Se nos hace un muy monótono ya que las limitaciones de velocidad vuelven a ser muchas y continuas, pero en fin… es lo que hay…

Por fin se hace la hora de comer y casi sin darnos cuenta, encontramos nuestro merendero de hoy. Como no… en el bosque y junto a un lago. La verdad es que es fácil. Esto está totalmente preparado para la gran cantidad de turistas y transportistas que circulan por aquí y que a la hora de comer hacen como “Juan Palomo” (yo me lo guiso, yo me lo como).

Tras la reparadora comida, continuamos ruta haciendo kilómetro tras kilómetro. Hay que decir que resultó bastante aburrida de nuevo, hasta el punto que a Mario le dio una pequeña “pájara”, de esas que te “amodorran” y te dan sueño, así que decidimos parar a descansar y que se espabilara. En carretera y con moto, lo primero SIEMPRE, SIEMPRE, es la seguridad. Si hay que parar veinte veces… se para. Eso lo tenemos muy claro los dos. Cuanta más experiencia tienes viajando en moto, más claras están estas cosas.

¡¡¡Y llegamos a Oslo!!!
Mañana tendremos todo el día para exprimir la ciudad lo máximo posible pero ya tenemos muchas ganas de “tomar posiciones” así que nos instalamos rápidamente en nuestro alojamiento de hoy, ducha rápida y a la calle a patear lo que queda de tarde.

“… ¿hace una cervecita?… ¡hombre, eso no se pregunta, que sea un “Tuborg” de cerveza please!… ¡Eso está hecho!…”

Tenemos la suerte de alojarnos de nuevo en el centro. Bueno… lo de suerte es un decir, ya que lo hemos buscado así a propósito. Cuando viajas en moto, hay que optimizarlo todo. Esto también. Si te alojas en el centro, tienes ya medio camino hecho y no pierdes tiempo ni en ir, ni en volver.

Nos adentramos en las calles de Oslo y nos mezclamos con el entorno. Edificios, iglesias, tranvías, calles peatonales…. Hemos visto poco pero ya nos gusta. Nos llama la atención lo caótico del urbanismo del centro de la capital. Parece como si los edificios los hubieran ido tirando al aire y donde han ido cayendo, ahí se han ido quedando. ¡Pero mola!

En nuestro deambular de hoy sin rumbo fijo, vamos a parar a la “Central Station”, y resulta que el antiguo edificio ha sido reconvertido en una especie de centro de ocio con tiendas y restaurantes pero conservando su esencia. Clásico y moderno a la vez. Nos gusta mucho. ¡Qué pasada!… desde ya os lo recomendamos encarecidamente. Si vais por allí, no dejéis de visitarlo y de tomaros algo en cualquiera de sus terrazas o restaurantes. Nosotros hoy hemos cenado en uno de los restaurantes italianos que hay allí. Concretamente el “El Olivia”. Se cena estupendamente y no te arruinas. Bueno… cuidado con el vino… el precio de las bebidas con alcohol en general en Noruega, es muy elevado para lo que tenemos en España. Casi es más caro beber que comer… ¡Sin casi!

De regreso al hotel, hacemos una parada en el teatro Folke, que está muy ceca de allí y entramos por si pudiéramos verlo. A esta hora ya, el interior del patio de butacas del teatro está cerrado pero entramos al hall y podemos ver la escultura que hay justo en el acceso principal y la antigua fachada que aún hoy se conserva en buen estado.

Por hoy ya hemos agotado todas nuestras reservas de energía así que toca descansar. Mañana nos “trabajaremos” a fondo esta ciudad, sin duda tiene mucho que ver y un día es a todas luces poco tiempo pero como buenos moteros, madrugaremos y seguro que nos cunde.

“…Mañana…. ¡más!
“…Si… mañana mucho más …”

 

mapa de la ruta

Mario

Mario

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